Louis Cardaillac nació en 1933, en la pequeña ciudad de Quillan (Aude), en el seno de una familia de comerciantes. Su abuela y su madre, mujeres activas y vivaces, capitaneaban una tienda de abarrotes, que aún recuerdan los quillanenses que la conocieron.

De niño, las historias que le contaba su abuelo Émile avivaron su imaginación, de él heredaría el talento de narrador. Testigo de los alocados proyectos del abuelo, contaba cómo, para vender su libro La pêche à la truite -en el que, aseguraba, revelaba todos los secretos de la pesca-, salía a los pueblos vecinos con un altavoz en mano y un gran letrero colocado en toldo de su coche. El libro fue dedicado al nieto con estas amorosas palabras: “Para Louis, que sigue los pasos de su abuelo”.

A instancias de su abuela, una mujer muy religiosa, entró a estudiar en el Petit Séminaire de Castelnaudary. Eran los años de la Segunda Guerra Mundial; la comida era escasa, los inviernos rudos por la falta de combustibles y se vivía bajo el terror de los bombardeos de los aviones alemanes. Alejados de sus familias, los pequeños seminaristas extrañaban sus hogares, pero, pese a la difícil situación, Louis guardaba entrañables recuerdos del seminario y supo valorar las enseñanzas de sus maestros, adoptando para el resto de su vida la férrea disciplina de estudio que le inculcaron.

En Toulouse se licenció en Letras españolas y en Montpellier hizo un doctorado en Historia. Su tesis doctoral Morisques et Chrétiens. Un affrontement polémique (1492-1640) fue publicada en francés y traducida y reimpresa varias veces en español y en árabe.

Fernard Braudel -el famoso historiador francés que revolucionó la historiografía del siglo XX con su teoría de la larga duración de la Historia-, para honrar el trabajo realizado por el entonces joven investigador, escribió el prólogo de este libro, que abrió una puerta para el estudio de los moriscos españoles y aún hoy es referencia obligada para quienes estudian el Islam en España.

En el ámbito historiográfico destacó por sus trabajos sobre el Islam en España.

Al principio de su carrera, vivió en Argel, entonces colonia francesa, como profesor universitario. Interesado en la cultura musulmana, aprendió el árabe con los jesuitas. Le tocó vivir las turbulencias sociales causadas por la independencia argelina. Al volver a Francia, la mayor parte de su vida académica la desarrolló en la Universidad Paul Valery de Montpellier. Ahí formó a una gran cantidad de jóvenes universitarios interesados en la cultura hispánica, entre risas recordaba: “Mis colegas me decían que me parecía a Bataillon. Muy orgulloso en un principio creí que me comparaban con el famoso hispanista francés Marcel Bataillon. Pero pronto descubrí que era una broma, me llamaban así porque siempre me presentaba con un batallón de estudiantes.”

En la Universidad de Montpellier dirigió la Unidad de Enseñanza e Investigación (U.E.R) de las Lenguas, Literaturas y Civilizaciones del Mediterráneo (1981-1985) y el Departamento Iberoamericano (1988-1989). Fundó y fue presidente del Comité Internacional de Estudios Moriscos (1981-1995) con sede en Túnez. Asimismo, formó parte del Consejo Superior de Universidades, con sede en París, organismo encargado de los nombramientos y las promociones de los profesores de las universidades francesas.

Interesado en los fenómenos religiosos, algunas décadas después, en México, se especializó en el estudio del culto del apóstol Santiago en la cultura hispanoamericana. De este tema escribió varios libros y artículos.

A lo largo de su vida profesional, dictó numerosísimas conferencias y cátedras en países como Francia, España, Marruecos, Argelia, Túnez, Arabia Saudita, Costa de Marfil y México. Talentoso orador, era capaz de conmover a su público y provocar interés y simpatía por los temas que exponía.

Por sus contribuciones en el ámbito académico le fueron otorgadas varias distinciones: fue nombrado miembro de la Real Academia de la Historia de Córdoba, España (1985), recibió las Palmas Académicas por parte del gobierno francés (1995), fue Profesor Emérito por la Universidad Paul Valéry de Montpellier (1995) y Profesor Honoris Causa por la Universidad de Túnez (2014). En abril de 1995, en Túnez, se publicaron dos tomos en su honor, titulados Mélanges Louis Cardaillac, en los cuales participaron 56 investigadores franceses, españoles, ingleses, norteamericanos y de distintos países del mundo árabe. En México formó parte del Sistema Nacional de Investigadores (2003-2015) y en 2008, fue becado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).

Louis Cardaillac fue un viajero empecinado. A la menor provocación estaba dispuesto a hacer sus maletas e ir a lugares lejanos. Cierta vez viajó a Pakistán invitado por un equipo de científicos universitarios que necesitaba un integrante más para completar el grupo. Trabajó como guía de turistas para la empresa de un amigo cercano, trabajo que le permitió conocer casi toda España, en especial, Andalucía. Por motivos espirituales, hizo el camino de Santiago caminado a pie 700 kilómetros desde la frontera francesa. Recorrió varios países latinoamericanos, en especial, México, para conocer el culto que se le profesaba a Santiago apóstol, viajes que supo aprovechar pues escribió varios libros sobre el tema.

Amante de la naturaleza, con obstinación fincó una hermosa casa a la orilla de un río en el pequeño pueblo de Montfort-sur- Bulzane, en los Pirineos franceses, donde vacacionaba con su esposa y sus cuatro hijos. Durante muchos veranos fue el punto de reunión de la “tribu Cardaillac”, conformada por hijos, nietos, hermanas, sobrinos y todo aquel pariente que aceptara sus generosas invitaciones. Excelente anfitrión, ahí también se dieron cita colegas, amigos, estudiantes y vecinos. Memorables fueron sus incansables caminatas por los bosques y por los ríos de los Pirineos para pescar truchas, una afición que heredaría del abuelo. “Mi casa de Montfort ¾decía¾, es mi paraíso”.

Cuando se jubiló, gracias a unos alumnos mexicanos que habían estudiado en Montpellier, se fue a vivir a Guadalajara, México. Trabajó con entusiasmo en el Colegio de Jalisco como si fuera un novel investigador haciendo méritos como cualquier otro. Ahí escribió más libros y artículos, dictó conferencias e hizo muchos amigos que estimaban su carácter dicharachero y jovial. Se casó por segunda vez y adoptó a un niño mexicano, al que por las noches le contaba entrañables historias.

En la Ciudad de México vivió los últimos años de su vida. Compró una casa en Cuernavaca, un nuevo paraíso, donde pasaba horas contemplando la exuberante naturaleza mexicana y soñando en la próxima cosecha de los árboles que había plantado. Significativamente dejó de viajar y sólo escribía en francés. Quiso volver a Francia creyendo que ahí encontraría una cura milagrosa su enfermedad. Murió acompañado de sus cuatro hijos franceses, en su tierra.

Más allá  de sus contribuciones en el ámbito académico, Louis Cardaillac fue un hombre empeñado en vivir la vida con alegría. Una alegría que compartía con propios y extraños contando anécdotas, cuentos y diversos relatos de sus aventuras por el mundo que recorrió.

En esta página  se reúne su obra académica, a la cual se puede acceder casi en tu totalidad. Asimismo, se presentan fotos, videos y testimonios acerca de su vida con el fin de rendir homenaje a un hombre, a todas luces, excepcional.